Llevan una década dando tumbos legales en Italia. El sector del cáñamo industrial ha pasado de la euforia a la desesperación más absoluta, siempre al compás de leyes contradictorias que cambian cada dos por tres. Ahora el país ha decidido pasarle el marrón a las instituciones europeas.
El Consejo de Estado italiano acaba de mandarle el expediente completo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para que sean los jueces de Luxemburgo quienes decidan si las restricciones nacionales sobre productos derivados del cáñamo se ajustan o no al derecho comunitario.
Este movimiento no es cualquier cosa. Significa que las máximas instancias judiciales italianas están reconociendo que sus propias leyes chirrían bastante con lo que dice la normativa europea, sobre todo en lo que tiene que ver con la libre circulación de productos agrícolas.
Cuando Italia convierte el cáñamo legal en droga dura
El meollo del asunto está en unos decretos italianos que se han pasado tres pueblos. Estos textos consideran que las flores, hojas, aceites y resinas que vienen del cáñamo son estupefacientes, sin importarles un pimiento cuánto THC tengan realmente.
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Da igual que estos productos cumplan a rajatabla las normas europeas y que su contenido de THC esté por debajo de los límites permitidos. Da igual que se vendan tranquilamente en la mayoría de países de la Unión. En Italia te tratan como si fueras un narcotraficante.
Esta movida crea situaciones de locos donde una empresa vende legalmente sus productos en París, Berlín o Ámsterdam, pero en cuanto cruza los Alpes se convierte en delincuente. Un despropósito jurídico que ha dejado tiritando a todo un sector económico.
Al mandarle el tema a los jueces europeos, las autoridades italianas están admitiendo que sus propias normas probablemente se cargan los principios fundamentales de la Unión Europea. Una confesión que pesa bastante en el debate.
Este rollo recuerda mucho al precedente francés con el caso Kanavape. En su momento, la justicia europea dejó clarísimo que el cannabidiol no es ningún estupefaciente y que ningún país miembro puede prohibir su circulación si es legal en otros Estados de la UE.
Una industria al límite esperando el veredicto
Los números dan una idea de lo que está en juego. El sector italiano del cannabis light mueve aproximadamente 15.000 empleos y factura alrededor de 500 millones de euros al año. Miles de personas viven de esta actividad que ahora está en el limbo jurídico más absoluto.
El abogado Giacomo Bulleri, especialista que defiende a varios actores del sector, ve en este recurso ante el TJUE un momento histórico. Según él, la sentencia que venga "probablemente tendrá efecto en toda la UE y será un paso importante hacia la armonización del sector".
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Más allá del impacto teórico, esta decisión europea podría tener consecuencias inmediatas y muy concretas. Cientos de profesionales italianos están ahora mismo enfrentándose a procedimientos penales o administrativos simplemente por vender productos que están permitidos en el resto de Europa.
Una sentencia favorable de Luxemburgo podría paralizar todas esas persecuciones, dándoles por fin un respiro a empresarios agotados después de años peleándose en los tribunales. Un alivio que sería lo mínimo para gente que jamás ha incumplido el derecho europeo.
Mattia Cusani preside Canapa Sativa Italia, una organización que representa a los productores locales. Califica este recurso ante el TJUE como "una medida decisiva" y confía en que los jueces europeos aclaren de una vez si tiene sentido prohibir únicamente las inflorescencias.
Su pregunta tiene toda la lógica del mundo: ¿por qué prohibir específicamente las flores cuando el derecho europeo trata todas las partes de la planta de cáñamo de la misma manera, y cuando los niveles de THC son prácticamente insignificantes?
Diez años de montaña rusa legislativa
Para entender bien el alcance de este recurso europeo, hay que repasar el historial caótico de la normativa italiana sobre el cáñamo. El sector ha vivido una década de cambios constantes que han hecho imposible cualquier desarrollo estable.
En 2023, el tribunal administrativo del Lacio anuló varias disposiciones de un decreto ministerial restrictivo. Los magistrados señalaron que no había ningún fundamento científico para justificar esas limitaciones tan brutales. Una victoria que duró dos telediarios.
El gobierno actual, con Giorgia Meloni al frente, recurrió inmediatamente esa decisión. Esta obstinación en mantener normas cuestionables acabó forzando al Consejo de Estado a pedir el arbitraje de las instituciones europeas.
Las autoridades italianas han intentado mil veces reclasificar el cáñamo como planta medicinal, buscando así reservar su cultivo y comercio únicamente a los sectores de semillas y fibras. Una estrategia que solo ha generado confusión y pleitos a mansalva.
Francesco Mirizzi es el director general de la Asociación Europea del Cáñamo Industrial. Su análisis de la situación italiana es demoledor: la industria "ha pagado el precio en costes legales, incautaciones de productos e incertidumbre".
Las políticas nacionales incoherentes han creado un entorno hostil donde invertir es jugársela a cara o cruz, donde desarrollar una actividad es un calvario, donde cualquier decisión empresarial puede convertirse en una pesadilla judicial.
Las preguntas que van a responder en Luxemburgo
El recurso ante el Tribunal europeo se articula en torno a dos ejes principales. Primer eje: ¿los decretos italianos violan la propia legislación nacional de 2016 sobre el cáñamo al clasificar automáticamente todas las flores como estupefacientes, sin mirar su composición real?
Segundo eje: ¿estas restricciones nacionales incumplen las normas europeas que regulan los productos agrícolas y garantizan las libertades comerciales en el mercado único? ¿Se puede prohibir localmente lo que circula libremente en el resto de la Unión?
El Consejo de Estado italiano se apoya en una observación fundamental: la normativa europea "no hace ninguna distinción entre las diferentes partes de la planta". Esta observación sugiere con fuerza que las prohibiciones dirigidas únicamente a las inflorescencias no tienen base legal sólida.
Francesco Mirizzi observa que los procesos políticos suelen tardar siglos en aportar claridad normativa. Sin embargo, está convencido de que la sentencia del TJUE marcará para siempre la interpretación de las leyes sobre el cáñamo en todos los Estados miembros.
La esperanza de una regulación europea uniforme
Para las empresas y comercios italianos especializados en CBD, este recurso a la justicia europea representa mucho más que un simple trámite procesal. Es potencialmente el final de una pesadilla que lleva demasiado tiempo.
El Tribunal tendrá que establecer si las flores, hojas, aceites y resinas producidos a partir de cáñamo con menos del 0,3% de THC pueden circular libremente por toda la Unión. Una posición clara pondría fin a años de interpretaciones divergentes y de zonas grises legales.
El abogado Bulleri lo formula así: "la batalla final por el sector del cáñamo está en el horizonte". Un punto de inflexión histórico para una industria agrícola que concentra las tensiones entre innovación económica y conservadurismo regulatorio.
Consecuencias que van mucho más allá de Italia
El caso italiano puede parecer aislado, pero plantea interrogantes que afectan directamente a todos los países miembros. Francia, sin ir más lejos, podría ver cuestionadas algunas de sus propias restricciones a la luz de lo que decidan en Luxemburgo.
El principio de libre circulación es uno de los pilares básicos de la construcción europea. Cuando un Estado bloquea mercancías que se comercializan legalmente en otros países de la UE, tiene que presentar justificaciones sanitarias incuestionables y proporcionadas al objetivo que persigue.
Pero en el caso del cáñamo con bajo contenido de THC, los datos científicos disponibles no permiten sostener prohibiciones tan radicales como las que aplica Italia. Eso es exactamente lo que tendrá que examinar y decidir el Tribunal europeo.
Nuestro equipo seguirá de cerca la evolución de este expediente crucial que podría redefinir los límites del cáñamo legal a escala continental. Los profesionales del sector, sean italianos o de otras nacionalidades, están muy atentos a este procedimiento.
Porque detrás de los argumentos jurídicos hay realidades humanas: emprendedores que han invertido sus ahorros, trabajadores que dependen de estos empleos, proyectos de desarrollo bloqueados por textos legales cuestionables.
Una decisión favorable podría liberar el potencial económico de un sector entorpecido artificialmente desde hace demasiado tiempo. Una sentencia desfavorable firmaría la sentencia de muerte de miles de empresas que siempre han respetado el derecho europeo.
El sector del cannabidiol en Europa aguanta la respiración esperando que los jueces de Luxemburgo emitan su veredicto. Un proceso que probablemente tardará varios meses antes de que se publique una sentencia definitiva, pero que sin duda marcará un antes y un después en la historia regulatoria del cáñamo en el continente.
¿La esperanza de los profesionales? Que la lógica jurídica y las pruebas científicas acaben imponiéndose a las posturas políticas nacionales rígidas. Una espera que resume bien las tensiones actuales entre soberanía de los Estados y construcción de un auténtico mercado único europeo.










